Manual del Zángano

Queridos Viandantes:

Ante todo buenos días…
Hoy me toca hablar de un tema escabroso si los hay. Los suegros… y las suegras.
Solamente voy a hablar desde el punto de vista del hombre que cumple la función de zángano, como bien expresó Gillespi en su El Almacén al describir a “El amigovio o festejante de la nena”.
Bueno, desde nuestro punto de vista como amigovios o festejantes de nenas, paso a comentar cuáles son las vicisitudes que nos tocan enfrentar en el día a día:

El suegro: Personaje entrañable a quien, por muy bien que le pudiéramos caer en otras circunstancias, el sólo hecho de tener intenciones con la nena nos vuelve automáticamente seres despreciables y despreciados. No importa si tenés un Nobel de la Paz, tres Oscars o seis medallas de honor, sos el maldito zángano que quiere estar con la nena.
“¿Qué hacer?” Se preguntarán. No nadar contra la corriente, nadar con la corriente. Este ser nos odia por antonomasia, nos aborrece y hagamos lo que hagamos no cambiará de concepto, entonces ¿qué hacer?.

- Hay que apelar a la rebeldía de la nena y básicamente mostrarse en desacuerdo con el 80% de las cosas que diga, haga u opine el suegro. (Las únicas excepciones son política, religión y fulbo, principalmente, para evitar violencia física y consecuencias para la salud e integridad). Esto hará que usted sea visto como un rebelde por ella y crezca su interés.

- Visite a la nena con camperas (chamarras para nuestros queridos viandantes mexicanos) de cuero, estacione la motocicleta chopera en la vereda, preferentemente, y si sus amigos también tienen motocicletas, que pasen insistentemente por el frente y realicen el grito de guerra en la puerta. Esto hará que el suegro hable mal de usted, con lo cual sólo logrará que la nena más se interese y que la suegra, a quien describiremos más adelante se pelee con su marido por defenderlo.

-Apoye los pies en la mesa ratona del living. Mientras, si puede y se encuentra vigilado por el suegro mira a la nena directamente a la cola mientras ella va a la cocina a por bebida.

- Tutee a su suegro, y llámelo por un apodo. Eventualmente guíñele el ojo al hacer un comentario machista.

- Al hablar de futuro, educación y trabajo, diga que no cree en esas cosas, que son formas que tiene el poder para oprimirnos.

- Aunque le dé impresión, tenga algún tatuaje. (aunque sea de los chicles, de henna o de birome).

- Escuche música estridedente y tararéela enfrente al suegro, haciendo hincapié en momentos de gruñidos y golpes de batería.

- Abra la heladera con confianza, beba su cerveza, y si es posible directamente desde la botella y cuando esté al alcancee visual del suegro.

Estas son sólo algunas de las mejores maneras de lograr que el suegro no nos quiera y lo exprese. El suegro jamás nos querrá aunque fuéramos blancas palomitas, pero obligándolo a tomar partido y decirle a la nena lo desastroso que somos, en realidad colaborará con el objetivo final.

La Suegra: Personaje que en la mitología escandinava bien podría asemejarse al “Hada Madrina cumplidora de deseos”.
Madre de la nena, esposa del suegro y principal aliada suya en esa casa.
No importa si usted es asesino, criminal o malandrín, sos el muchacho que quiere la nena.
Así como cualquier fortaleza, hay que saber aprovecharla, y no desperdiciar semejante valor.
Aquí se preguntarán, Queridos Viandantes, cómo explotar esta aliada natural. ¿Qué hacer, qué hacer?

- Salúdela cada vez que llega con un efusivo beso en la mejilla. Pero no el consabido beso de cachete contra cachete, sino un beso de su boca contra el cachete de la suegra. Así se debe saludar a semejante aliada.

- Llámela por su nombre de pila, jamás utilice un “señora”, un “doña”, o el apellido. Siempre el nombre de pila.

- Recuerde el color y tono exacto de cabello, el corte y el peinado de su suegra en cada ocasión. Cada vez que le note un cambio a tal patrón, hágalo notar, con un “¡Qué lindo que le queda el nuevo corte, Elena!” O un, “¿Se cambió el peinado?” al menos. Lo habrá dicho usted, pero seguramente no su enemigo en esa casa. Su suegro no se dio cuenta. Y podría apostar por ello.

- Tome mates con su suegra. Acéptelos sean dulces, amargos o con edulcorante. Es la mejor forma de profundizar la alianza. Aquéllos viandantes extranjeros, compartan café u otras infusiones.

- Llegue sin cenar, y hágalo saber sutilmente. Recibirá milanesas de medianoche y sanguchitos merendadores.

Recuerde que la suegra es quien colaborará en el llenado de cabeza de la nena, y quien lo defenderá ante el suegro, con lo cual, usted ya quedará como rebelde ante la nena, pero será tratado como el hijo que su suegra siempre quiso tener. Aunque ya tenga.

Queridos Viandantes, espero su opinión. Viandantes lectoras, también está abierto para que posteen comentarios.

Pulpo dixit.

Pulpo